miércoles, 19 de octubre de 2011
Buscando la fusión, ¡qué emoción!
domingo, 2 de octubre de 2011
(R)evolución en paz
Ahora ya no se alzan voces individuales, ya no hay revolucionarios, ya estamos preparados.
por miedo a lo que habita la noche, por miedo a la fría oscuridad;
pero ninguna tecnología coneguirá que cada uno pueda abarcarlo todo,
conocerlo todo, comprenderlo todo, tenerlo todo...para él.
cualquier cosa que sea ser humano es algo cosntruido con los que nos rodean,
no sólo con el vecino sino con cualquiera que habite la tierra como caminante.
Y esa no es una revolución de individuos, es la revolución de la especie.
O es así o ya no quedarán humanos, aunque siga existiendo gente que ande.
O hay una solución para todos o ninguno seguirá mucho tiempo aquí.
Mientras las voces se apagan, los murmullos crecen, los susurros
narran que mañana ser humano será sinónimo de paz o sino será nada.
lunes, 1 de agosto de 2011
¿Conciencia?
Hay un tema que me resulta muy curioso sobre el funcionamiento moral. Es eso que llaman "conciencia tranquila". Si lo visualizo, se me asemeja al funcionamiento de una fosa séptica o pozo negro. Mientras se mantenga hermética, todo va perfecto, pero si se llena o hay una fisura, se terminó la tranquilidad.
Cada vez creo menos en la existencia de las conciencias tranquilas, pienso más bien que se trata únicamente de conciencias dormidas. Como dijo Gregory Bateson, "lo que intriga no es que haya algo llamado inconsciente sino que haya algo parecido a la conciencia".
Definitivamente, creo que funciona como una "caja negra", algo inaccesible, es una tapadera perfecta derivada de una conclusión a la que se llega con un pobre razonamiento, más bien un "no razonamiento", pues en realidad es una reacción emocional, una de esas que sirven para "salvarnos el culo ante los demás". Así, ante un conflicto interpersonal, algunos piensan que si son los primeros en decir que su conciencia está tranquila el problema será de otro,
¿quién podría dudar de un "perspicaz" autoanálisis que concluye de manera tan tajante?
¿Quién mejor que uno mismo para saber lo tranquila y suave y tersa que se halla su conciencia?
Entonces, ¿de qué se compone la conciencia tranquila?. Básicamente, creo que se trata de un análisis interior automatizado, una mirada para sí, donde lo que se resalta es la emoción agradable que se consigue tras haber juzgado como necesaria o buena una acción o una "no acción" (y esta segunda opción es la que más abunda). Lo que manifiesta es una falta de rigor en el análisis, puesto que sólo se atiende a la visión propia, al "yo me quedé a gusto", por eso decimos que debe ser algo bueno, porque de lo contrario nos haría sentir mal, como cuando los demás saben que de verdad hicimos algo malo.
Estoy convencido de que toda conciencia tranquila es sobre todo una conciencia dormida.
Es un componente central en el Autoengaño que manejamos cada día para seguir adelante. Es como una reacción de gatillo que nos previene del malestar, de la culpa, de la vergüenza, del castigo, de todas las cosas malas que podrían acaecer de juzgarnos como seres con la conciencia intranquila. Porque moralmente (influenciados por la religión), hemos aprendido que los que no tienen la conciencia tranquila son los que hacen cosas malas, los malintencionados, sobre todo los "otros", nunca los "nosotros".
¿Quienes hacen más ostantación de sus conciencia tranquilas?
Los políticos
Los banqueros
Los psicópatas
AH!! Y las "buenas personas" (el tipo de buena persona que dice de sí mismo "soy buena persona" y añade "y tengo la conciencia muy tranquila".
Las otras buenas personas, las de verdad, sencillamente no lo dicen.
Me alegra encontrar en el camino a estas buenas personas, las hay, sí que las hay, es verdad, pero cada una de ellas me parece dejar traslucir a medida que las conozco más, cierta intranquilidad en su ánimo, cierto sufrimiento, cierta desazón. Sobre todo, suelen ser personas que no alzan la voz para comunicarnos que su conciencia está tranquila. Porque la dignidad no se grita, se percibe o no se percibe, se manifiesta con acciones o no se manifiesta. Si alguien nos enfatiza la tranquilidad de su conciencia yo me pongo a dudar del asunto...igual que si alguien me dijese lo inteligente que es, lo trabajador que es, lo que sea que sea, tan bueno como sea.
Si lo es, la verbalización autoafirmante es una tautología, una repitición innecesaria, implica una necesidad de confirmación en el otro, lo que de por sí debería alertarnos al respecto.
Y no es cuestión de sospechar del otro por sistema, es sólo que me desagrada que alguien pueda hacer alarde de algo tan intangible como su propia conciencia, sobre todo para manifestarme que se halla tranquila. Me pasaría lago parecido si alguien que me dijese "mi ropa interior está limpia". Es algo que no deja lugar a mucho comentario posterior, al menos a ningún comentario que no sea un poco irónico.
Ya sólo esa afirmación pensada sobre mí mismo me produce una reverberación que me desajusta y me revuelve lo que sea la conciencia....en fin, lo raro no es que haya un inconsciente,no, lo definitivamente raro es que haya una conciencia.
Y por fin, es verdad, mi conciencia no está tan tranquila, yo no puedo tener esa conciencia y menos hoy en día, cualquier cosa que sea la conciencia, no creo que pueda unirse al adjetivo tranquila, conciencia es otra cosa, pero sobre todo, es una invitación al silencio y a la acción, no a las palabras huecas.
Por eso, ya me callo
lunes, 28 de marzo de 2011
La curiosidad no mató al gato
Si hay alguna característica humana que pueda defenderse, para mí una sin duda es la curiosidad.
En una entrevista al director de cine Luis García-Berlanga (que nos dejó a finales de año 2010), el entrevistador le plantea la manida pregunta:
- ¿Tres razones para vivir?
Un silencio prolongado varios segundos deja la siguiente respuesta de Berlanga:
- Con una me sobra: la curiosidad.
Es justo lo que yo digo, la curiosidad, tan sólo eso ya nos mantiene vivos a algunos, por encima de la esperanza.
¿Tal vez sea un disfraz de la esperanza?
¿O una premisa, un antecedente de la esperanza?.
Lo que tengo claro es que la esperanza, como razón última y única se me quedaba corta y yo solía decir, cuando alguien comentaba eso de "la esperanza es lo último que se pierde", que prefería que me quedase sólo el humor, aunque se me acabase la esperanza, pues sin esperanza podía sobrevivir, pero sin humor ni siquiera malvivir.
Y la curiosidad tiene mucho más que ver con el humor que la tradicional acepción de la esperanza.
En cierto modo, la esperanza es más bien una pasividad, la espera de algo más o menos conocido, deseado y que aún no se tiene, mientras que la curiosidad es siempre acción, un movimiento hacia lo desconocido (gracias a un amigo por la conversación que tuvimos al respecto).
Si tuviese que redefinir la Esperanza diría que si se aliña con curiosidad y humor, perfecto, sino para mí no es.
Como dato curioso, parece ser que la frase-refrán original (procede de Gran Bretaña y citada ya por Shakespeare ), es "la preocupación mató al gato", ("care killed the cat") y así se mantiene hasta el siglo XIX, pero en el siglo XX se comenzó a utilizar "la curiosidad mató al gato", como la conocemos.
¿Por qué se cambió la frase? No sé, no se sabe, no sé si se sabe.
Pero parece mucho más acertada la frase original. El gato no se muere más por curioso y despreocupado, sino por paranoico y preocupado, muere antes por intentar evitar un peligro real o intuido que por mostrarse curioso y entretenido.
Así que,... ¡seamos más curiosos y menos ansiosos!
domingo, 28 de noviembre de 2010
Comando “Deshacer” (Ctrl+Z)
Una de las características de la tecnología digital en la vida, tanto en la cotidiana como en la otra (¿cuál será esa otra?) es la increíble posibilidad de deshacer los errores. Que la foto no te gusta, que salió borrosa, que tu gesto quedó ridículo…pues se borra y ya está, liberando espacio en la memoria. Antes era inevitable tener que toparte con la foto revelada en papel, enseñando ese “lado malo” que casi todos tenemos.
Que has cometido un error en el procesador de texto y quieres enmendar, pues “ctrl+z” y por arte de magia puedes volver a comenzar.
Que todo tu sistema del ordenador parece volverse loco, pues restauras el sistema y solucionado.
Así, podemos equivocarnos una y otra vez, podemos ser unos dejados, podemos jugar y morir mil veces y mil veces reiniciar la partida.
Las imprevisibles consecuencias de la cotidianidad se solucionan en el espacio cotidiano virtual (¿virtual o real?, no sé, pero sí cotidiano), de modo que siempre podremos presentar el resultado que queremos a quien queramos.
Hace mucho escribí un relato sobre un lugar donde si alguien tenía un despiste, un tropiezo, un error tonto…literalmente desaparecía de dicho espaciotiempo. Así, la sociedad en ese mundo era infinitamente paranoica e hipervigilante, para no extinguirse. Caerse en la bañera, perder el tino por la calle, escurrirse tu codo en una mesa, la mínima nadería, te lanzaba a un inframundo. La gente, obviamente, veía normal que un compañero desapareciese de un instante a otro mientras tomaba un simple café en una terraza; los que quedaban se miraban fugazmente y luego apartaban la vista, cambiando de tema, como si nada hubiese pasado. En ese lugar, había quien prefería suicidarse con seguridad a tener una muerte tonta, de hecho sólo los primeros eran recordados, los otros no dejaban de ser tipos despistados que pasaron fugazmente por ese mundo. Por supuesto, cantidad de cachivaches se comercializaban para estar “más seguros”, para no caer, para recibir avisos antes de doblar cada esquina, para sujetarse mientras uno se relajaba dándose una ducha…en fin, un mundo muy loco, lleno de neuroticismo, nada que ver con el que habitamos ahora (¿nada?), que curiosamente, como apuntaba al principio es más bien aparentemente diametralmente antagónico en la cotidianidad.
Pero quizá igual de extremo, pues uno puede llegar a creer que todo error es enmendable, que toda pifia tiene su “marcha atrás” y no es así. No es así.
La irreversibilidad del tiempo sigue vigente, no sé cuánto tiempo, pero aún sigue valiendo y nuestra biografía (al menos la de los que provenimos de lo analógico) aún está llena de los recuerdos de lo poco que a veces uno puede controlar los acontecimientos, para la propia desgracia las más de las veces..
Sin embargo ya no estoy tan seguro de que los nuevos cachorros y cachorras tengan la misma memoria, algo me dice que el ser humano va evolucionando (¿involucionando?), de modo que en la propia memoria dentro de cada nuevo cerebro creciente se ha gestado una combinación de teclas del tipo “ctrl.+z” que mágicamente devuelve la salud y borra el error, borra la conciencia, deja tranquilidad en su lugar y la enorme posibilidad de seguir cometiendo errores “ad infinitum”…mientras tengas la gran capacidad de olvidarlo, como si nada hubiese pasado, incluso creo que ya se valora esto como síntoma de salud.
En fin…fin; o no. no sé...
miércoles, 21 de julio de 2010
QWERTY
Cristopher Latham Scholes diseñó el teclado de las máquinas de escribir que hoy vemos en todos los ordenadores. Su primer teclado era diferente, pues cuando lo ideó recurrió a los criterios de eficacia, sin embargo la tecnología primitiva de sus primeras máquinas resultaba ser inferior a la velocidad de los dedos de los dactilógrafos, de modo que las teclas se atascaban continuamente.
En 1872 lo resolvió, aunque de una manera muy curiosa; incapaz de mejorar la velocidad de la máquina lo que hizo fue reordenar las teclas para demorar a los dactilógrafos, surgiendo el famoso teclado QWERTY. Las letras más comunes fueron distribuidas de modo que, por ejemplo, combinaciones de letras comunes tuvieran que ser pulsadas con la mano izquierda, más lenta y débil.
En 1936, August Dvorak, un primo lejano del compositor Antonin Dvorak diseñó un teclado basado en los principios de tiempo (simple y corto) y movimiento rítmico, mejorando infinitamente la eficiencia el teclado, con las cinco vocales y cinco consonantes más frecuentes en el centro. Demostró ser mucho más eficaz, por supuesto, sin embargo, el teclado qwerty, diseñado a posta para ser ineficaz, ha mantenido su posición dominante, aunque la razón para su uso ha desaparecido hace mucho tiempo.
Esto muestra que los instrumentos mediadores pueden surgir y mantenerse como respuesta a otros requerimientos diferentes a las funciones intra e inter psicológicas humanas.
Y lo que es más, es sencillo modificar la distribución del teclado y mejorarlo haciéndolo similar al de Dvorak, con un simple programa informático y unas pegatinas con las letras o intercambiando las teclas…¿lo haríamos?
Me temo que la mayoría no, lo que también muestra que lo aprendido, aunque sea peor es algo difícil de modificar por otra cosa que se muestre claramente superior.
¿Por qué? Tal vez pereza, tal vez, desidia, quizá lo de siempre, ignorancia, yo hasta hoy no tenía ni remota idea del teclado Dvorak, por ejemplo.
Sin embargo, la mayoría compra cada poco tecnologías más rápidas, con más megas, con más píxeles, más planas, más pequeñas, con más funciones....más y más...para sustiruir lo que considera obsoleto.
Pero me temo que la mayoría de vidas humanas siguen utilizando (emocionalmente, por ejemplo), un teclado qwerty....
domingo, 7 de marzo de 2010
Las tres jaulas
¿Sobre qué construimos nuestro yo?
sobre las cenizas de hogueras extinguidas
sobre los andamios de un edificio tenebroso
que uno nunca sabe si es mejor
dejar que se derrumbe,
¡o reformarlo de una vez!
¿Y qué hay de los otros?
O son los que siempre nos soportan
O son los que ya no están
O son los que ahora vienen
O los que un día volverán
Pero sobre todo está lleno
De los que nos dan igual:
Decoran y ya está
¿Y qué cosa es el mundo?
Un lugar, un espacio, un tiempo,
situaciones y paisajes
pocas veces alcanzados.
Una onda y una partícula
Materia oscura, es decir, nada
miércoles, 6 de enero de 2010
tipical spanish
domingo, 13 de septiembre de 2009
BELDANDO (La cosecha)

Beldar: separar la paja del grano
Lo confieso, soy de pueblo. Algo que a los de ciudad les hace mucha gracia, creo que porque piensan, cuando ven a uno de pueblo, que seguro es un ignorante paleto. Hay bastante archivo cinematográfico al respecto, puede que algo de certeza también. Habría que ver cómo se desenvuelve el de ciudad en el pueblo, por otra parte. Por lo que a mí respecta, mi primera anécdota en la ciudad fue ser atropellado por una bicicleta. Claro, yo estaba preparado para estar sobre aviso en lo que a los coches se refería, pero no pensé que un silencioso y peligroso ciclista descontrolado apareciese de la nada. El caso es que mi cuerpo de 9 años terminó desparramado por la calzada en la inercia del golpe, junto los libros que iban en mi cartera escolar de niño de pueblo que acababa de llegar a la city para estudiar. Recuerdo el escarnio del tipo, que ni se despeinó siquiera al llevárseme por delante, diciendo mientras se perdía en el asfalto para siempre: -“¡mira por donde vas, que te van a matar chaval!”.Que le den, digo yo, y le habrán dado, porque después de más de 30 años, seguro que por algún lado le habrán dado, como a todos.
No quería referirme aquí a mi transición a la ciudad, que ha sido una mera introducción anecdótica por mi confesión pueblerina. Lo que quiero reflejar son varias escenas que guardo muy vívidas en mi memoria y que se remontan a esa edad que va de los
Los recuerdos a los que hago referencia están enmarcados en esa etapa veraniega de la cosecha del cereal. Sé que para quien no lo haya vivido este tipo de cosa folclórica le sonará bastante rara. No podrá hacerse una idea de las sensaciones, los olores, el polvo dorado que flota en el aire volviéndolo denso y que se te agarra en la piel, que no para de sudar bajo el sol abrasador de final del verano, la luz difuminante que se crea cuando el sol de atardecer iluminaba la era, …

Me llamaban poderosamente la atención los ingenios utilizados para separar el grano de la paja. Por supuesto, no hablo del simple trillo, que también tiene su encanto, ni de las enormes cosechadoras que llegaron después y que ya lo hacían todo en el mismo campo de la siembra, como podemos verlas ahora en los campos de secano; no, a lo que me refiero es a una especie de artefactos que asemejaban casas rodantes, hechas básicamente de madera y que podían tener el tamaño de una furgoneta y que ahora me recuerdan al “castillo ambulante”, de Miyazaki. Cuando veía una de estas máquinas me daban ganas de meterme dentro y ver cómo era su mecanismo. Eran las beldadoras, que se movían a mano al principio, y después mecánicamente.
Las enormes trilladoras que vinieron luego también me resultaban llamativas, hablo de las de diseños más anticuados, que eran movidas por el motor de un tractor, con engranajes y correajes externos que había que atender cada poco; después ya vinieron las cosechadoras y se fue olvidando la era, pues una sola máquina lo hacía todo.
La época en la que guardo más recuerdos de la era en noches de luz difusa con atmósfera densa por el polvo que salía de la cosechadora y enormes montones cosechados propiedad de diferentes vecinos, esperando para ser fagocitados por la enorme máquina y escupidos por diferentes sitios, separando la paja por un lado y el grano por otro.
Sobre esos montones enormes jugábamos los niños, escaqueándonos a las miradas de los ajetreados adultos, enredados en sus faenas, pero dispuestos a echarnos la bronca por divertirnos. Es de una intensidad increíble el recuerdo de una noche, bajo la luz artificial de una bombilla tenue del tractor, que movía con su ruidoso motor a la enorme trilladora, a través de una cinta muy larga que formaba un ocho infinito, dando vueltas sin parar. La trilladora parecía que fuese a destartalarse al instante siguiente, pues toda ella entera se movía como un organismo casi vivo (igualito al castillo ambulante, ya digo); también salían múltiples y extraños ruidos de su mecanismo y la gente hablaba a gritos para poder entenderse por encima de todos esos ruidos. Todos iban protegidos con sombreros y pañuelos, de modo que parecíamos una pandilla de forajidos. Los niños también usábamos los pañuelos para evitar tragar el pertinaz polvo. Deambulábamos la escena, saltando a los enormes colchones de cereal, con el cuerpo en puro picor que ya ni molestaba, embelesados por el ajetreo y el enorme artefacto, jugando a pistoleros y al escondite, en ese ambiente de penumbra, alejándonos hacia la oscuridad y volviendo rápido hacia la pequeña isla de luz, polvo, ruido y magia que había en la era.
Esos tiempos ya pasaron.
Por último y en realidad el primer recuerdo cronológico que guardo al respecto de la época de la cosecha y por el que ahora escribo en realidad este post, se remonta a mis 6 años. Aún no habían llegado las máquinas de las que hablé más arriba; quiero decir que yo aún no las había conocido, porque seguro que ya existían, tan viejo no soy. Pero para mí eran aún algo que no existía como concepto siquiera y que viviría al siguiente verano tal vez.
Así que, la escena que se desarrollaba en la era, era mucho más plácida, más antigua y étnica. Tras la cosecha, hecha con hoz y guadaña, el cereal estaba repartido en un círculo de unos
pues cuando el animal se ponía a hacer sus necesidades debía estar uno presto a meter un cubo debajo para evitar que cayese sobre el cereal y poder continuar trillando tranquilamente (esa tarea se podía encomendar a un niño). Para mí el trillo era un tío vivo increíblemente divertido, pues me podía subir y bajar a voluntad, me sentaba en el trillo con la función de hacer un poco de peso, pero al mismo tiempo pensaba que viajaba a lugares lejanos con ese vehículo de tracción animal. Era como vivir una aventura. El día que ahora recuerdo estaba acompañado de mi tía Esperanza, una mujer soltera, de carácter adusto, recio y sobrio, que llevaba toda la faena con mano férrea, dirigiendo cada tarea.
Tal vez no hubiese recordado todo esto de no ser por el detalle “cultural” que vino a continuación.
Estando en plena faena, paró un coche extranjero en la carretera cercana y una pareja se acercó embobada, con los ojos abiertos de par en par, a vernos trillar. Sus caras sonrientes me hacían pensar en posibilidades que no terminaba de entender y no comprendía qué les podía interesar de nosotros. El matrimonio se hacía comentarios y cada vez estaban más sonrientes, hasta que no pudieron evitar pedir a mi tía el hacernos unas fotos, así que allí posamos, como autóctonos campesinos graves, para la posteridad. Algún alemán (no sé por qué creo que eran alemanes, pero seguro que sería muy, muy raro que fuesen ingleses, así que me pega más que fuesen alemanes), tendrá esa foto, supongo.
Después se despidieron cortésmente, chapurreando unas palabras en castellano e incluso me dieron una propina y seguimos con la trilla. Pero algo cambió en mí. Pues la situación me hizo reflexionar sobre lo que hacía en ese momento y comencé a plantear preguntas a los demás, pero sobre todo a mí mismo. Es decir, eso hizo que me sintiese de varias maneras, primero importante, pues tenía interés para alguien que debía ser a su vez importante si había llegado allí desde tan lejos para hacerme una foto. Luego, tal vez a la vez, desconfiado (¿en serio podía tener algún interés lo que hacíamos?), por otra parte, afortunado, pues me había proporcionado unos céntimos para gastarme en chucherías, aunque tampoco entendía por qué me habían dado dinero por hacerme una foto; por fin, inevitablemente en mi caso, me sentí o percibí o razoné de manera meta cognitiva; hizo que reflexionase sobre la actividad en sí y la tarea agrícola pasó a ser algo en lo que yo quedaba incluido como un objeto de observación. En definitiva, se produjo la separación de la realidad, en cierto modo. Hasta ese momento yo era un niño que trillaba y no se hacía preguntas, después seguía siendo un niño, pero que sabía que trillaba y que se hacía preguntas. Parece una tontería, pero para mí creo que ahí radica el inicio de lo que luego serían todas mis comederas de tarro (hablo en este caso de las buenas, no de las traumáticas), el dedicarme a la psicología y el estar ahora dedicado a la ámbito más transcultural.
Puedo empatizar con la persona de una tribu que se ve sorprendia en su cotidianeidad por un extranjero (tal vez un antropólogo, tal vez un mero turista o ambas a la vez), interesado en retratar su vida. Así, su normalidad se convierte en algo especial, en cierto modo, pero la observación le cambia irremediablemente, pues transforma también su costumbre y le transforma sin querer en su propio observador…
martes, 25 de agosto de 2009
A dos milésimas de la realidad
Hace tiempo, viendo el programa de Punset, “Redes”, recordé algo que escribí hace unas décadas, sobre la posibilidad de que vivamos a unas dos milésimas de la realidad y que ahora retomo brevemente.
El tema del programa era la neurociencia y las conclusiones del experimento que contaban es que realmente nos encontramos en torno a medio segundo de la realidad.
En realidad yo escribí que vivíamos a dos milésimas de la realidad, pero supongo que habrá un margen según cada quien...jeje.
La conciencia y el inconsciente, lo que pensamos y lo que queda “oculto” se revelan de una manera sorprendente al poder observar al cerebro funcionando en directo.
El experimento parece sencillo.
Un sujeto con el cerebro monitorizado, se halla sentado frente a un ordenador donde un círculo de unos 10 cms. de diámetro va moviéndose al azar, rebotando en los bordes de la pantalla, al mismo tiempo que va cambiando de color pasando por tonalidades diversas. El individuo maneja un ratón que le permitirá parar ese movimiento.
Lo que se observa es que, cuando la persona decide parar el círculo en un tono y posición elegida...medio segundo antes de que el cerebro racional consciente decida el lugar y tono para hacer “click” (o sea, que se activen las zonas cerebrales del córtex encargadas de tal cosa), ya se han activado las conexiones neuronales que mueven la mano (mil millones de millones de sinapsis no son en vano).
¿Hay algo dentro que nos dirige y somos sólo conscientes de una parte del iceberg?
Esto me ayuda a reforzar la idea de cómo funciona nuestra cabecita.
Es un aviso para los que quieren hacerse conscientes de todo, tal vez no se trate realmente de tal cosa, sino de aceptar sin entender, elegir ser feliz o comprender al final que no se ha sido feliz es lo único que nos queda.
Yo solía decir que no buscaba ser feliz, que no era esa mi meta y ya cumplí con creces el objetivo.
Ahora me puedo buscar otras metas, tal vez ser un poco feliz no estaría mal.
Puesto que algo que soy ya decide sin que me pueda oponer, ¿no es mejor llevarse bien con uno mismo?
Esto es para reflexionar en otros niveles. Pensemos sino, cómo evitamos los accidentes y cómo los provocamos o cómo los vivimos mientras ocurren; algo reacciona antes de que lo decidamos y "vemos" lo que sucede como en una secuencia de película ralentizada y nos convertimos en espectadores.
Cuando alguien narra un accidente suele producirse tal efecto “espectador”, como de cámara lenta. Cito el caso de los accidentes pues como su propio nombre indica son algo sorpresivo y no buscado, lo mismo que los errores, al menos en teoría, porque según funciona el cerebro no podemos estar seguros del todo. El cerebro consciente elaborará su explicación, pero lo que ha sucedido es eso u otra cosa diferente (esto raya lo cuántico, ja,ja).
Y esa es la gran aventura, en eso se basa mucho de mi palique del “presente extendido” (del que no he escrito en este blog aún).
La realidad que percibimos, la que comprendemos, la que justificamos o defendemos, ya está decidida por nosotros antes, como ya dijo Don Juan, aquel brujo yaqui del desierto de Sonora: “recordamos, recordamos, recordamos”, no podemos hacer otra cosa, lo que sea que es la mente consciente, por mucho que tenga la capacidad planificadora de futuros posibles, es ni más ni menos que toda recuerdos y cuando los planes se hayan cumplido o no, serán ya recuerdos (interesante echar un vistazo al post del “cisne negro”) .
Y tal vez en eso se basa la magia (lo poco que queda) y también, por qué no, la prestidigitación (la mano es más rápida que el ojo en el experimento, je,je).
¿Si el pensamiento se para, la acción se inicia?…, mientras somos acción y sentimos, no procesamos pensamientos conscientes, aunque luego nos lo explicamos, pero eso es ya medio segundo después o unas milésimas detrás de la realidad, pues nos resulta imposible ser conscientes y vivir, es literalmente no humano (eso lo comprobaron ya los existencialistas en su largo intento de caza y captura del instante, algo tan vano como intentar cazar “gamusinos”, supongo).
Quizá por eso cada vez nos volvemos más tecnificados, necesitamos crear máquinas que perciban mucho más allá de nuestros sentidos, pero aún así seguirá siendo inevitable; hacernos conscientes requiere tiempo y, ¿quién sabe?
¿Será esa la clave por la que inventamos también el tiempo?
¿Cómo hemos llegado a necesitar hacernos conscientes por encima de sentirnos vivos?
Estoy seguro de una cosa y es algo que a veces aplico en terapia. Es cierto que se dice que hay que hablar del trauma, echar fuera con palabras nuestras emociones enquistadas, sí, es cierto, pero no es menos cierto que lo hagamos o no conscientemente, nuestro cerebro lo seguirá haciendo de igual modo.
Es importante no dejar de lado aquella estrategia que seguro nos contaron a todos; si tienes un problema o una palabra que no viene y se queda en la punta de la lengua o has perdido un objeto que ahora necesitas…piensa en otra cosa, verás como aparece. En otra versión se dice “consulta con la almohada” y mi abuela decía una oración a San Antonio para encontrar lo perdido..
Así que, recordemos eso por si acaso, si algo nos agobia mucho y rumiamos hasta el infinito sobre un problema, tal vez sea importante para solucionarlo el dejarlo de lado y dedicarnos a otra cosa, por paradójico que parezca.
Por probar que no quede.
Otra frase que ahora encaja es la de un libro de Stephen King en la que dice (no sé si es suya o reciclada): “Todo el mundo llega a ser aquello para lo que se entrena día a día, minuto a minuto, segundo a segundo, aunque no sea consciente de ello”).
Y para terminar:
“He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer...
No he sido feliz”
(Jorge Luis Borges)
lunes, 1 de junio de 2009
El éxito terapéutico en psicología
(1) ...Una nueva pareja, un nuevo trabajo, un viaje, algo que cambia para bien a la persona....
Un suceso ajeno en sí mismo a la terapia, que modifica la existencia de la persona de manera transcendental (continuamente nos suceden cosas que se salen de la rutina, eso es la vida, plagada de acontecimientos que integramos con mayor o menor "normalidad" o casi que ignoramos o que queremos ignorar sin poder - así se forman los traumas, los bloqueos, los trabes mentales y toda la fenomenología de lo paranormal tiene cabida-).
Pues durante el proceso terapéutico también siguen ocurriendo sucesos maravillosos, como una nueva relación que anima a la persona, un cambio de trabajo...tal vez un tiempo después eso termine, pero mientras....el éxito terapéutico está bastante más asegurado, pero es un factor ajeno a la intervención del profesional en sí mismo. Desde este punto de vista, cuanto más larga sea una terapia, mayor probabilidad de que algo ajeno a la hora de consulta semanal tenga lugar en la vida del cliente.
(2) (Cliente, porque lo de paciente se ha desfasado aplicado a la persona que acuda a consulta psicológica).Es decir, hablamos la capacidad empática del profesional, el respeto y la autenticidad en el trato; además, ésa es la única manera sana de establecer una relación adecuada entre humanos, no hay más...- pero la moral es tan variada y las interpretaciones de las intenciones tan enrevesadas... - Eso es lo que se desentraña en la terapia, posibilitando la redefinición del pasado, de la percepción misma que la persona trae de la realidad, de su realidad, del futuro entonces mismo.
(3) Esto significa que las expectativas que genera la persona que decide acudir a terapia son en sí mismas importantes. Cuando alguien decide gastar su dinero acudiendo a un especialista en psicología ya está dando el primer paso hacia su curación, sólo el primer paso, pero como ya decía el proverbio chino: "el viaje de mil leguas comienza con un paso".
Y también se debe al cisne negro, pues nuestra capacidad de hacer profecías retrospectivas es manifiesta (como ya se ha mencionado en otro post, acerca del libro de Nicholas Taleb, en este mismo blog).
Porque lo que identifica al buen profesional es básicamente saber ganarse un tanto por ciento tras otro, posiblemente en este orden:
3º.- Pero entonces, si hay relación y técnica adecuada, el efecto placebo casi se asegura...sabemos que lo que tenemos es una trayectoria que nos debe orientar hacia el encuentro de las excepciones. No busquenos tanto el problema, busquemos la ausencia del problema y sabremos lo que tendremos que ampliar. Aprovechemos la confianza depositada por el cliente en nosotros. Otro 15% que nos podemos sumar, si hemos sido cuidadosos hasta este momento y lo seguimos siendo. Ya habremos acumulado un 60% del éxito potencial.
Puede que sea más importante incluso el paso 3º que el paso 2º, puede que ocurran a la par, lo que queda claro es que desde el punto de vista del profesional, la técnica es controlable, el efecto placebo aparece, pero las consecuencias beneficiosas tanto de uno como del otro no están realmente en poder del terapeuta, sino de la persona que busca el alivio de su sufrimiento emocional.
4º.-Así, el efecto placebo puede ser muy pertinente para remarcar elementos extraterapéuticos (aquí comienza de nuevo la magia), que ocurren en la vida del cliente; podemos ir sumando el definitivo porcentaje que nos aleja del todo del mero azar terapéutico. La percepción de la persona sobre los acontecimientos que va viviendo en su vida cotidiana, como algo que es parte de los recursos que ya trae consigo, habilidades poco utilizadas o desaprovechadas, puede que invisibles, hasta que las ponemos bajo el foco de intensidad de la conversación terapéutica. Eso propicia una actitud abierta hacia cambios positivos, autoestima, seguridad, confianza en uno mismo y todas esas palabras que también salen en los libros de autoayuda. Para mí está claro que hay que utilizar el leguaje del cliente, no se trata de que aprenda un lenguaje nuevo y lleno de tecnicismos; esas explicaciones intrincadas y "profesionales" plagadas de interpretaciones suelen esconder a malos empatizadores, que se rodean de vocablos huecos y técnicas que confunden, que le ponen en una situación de poder, que puede funcionar o puede fracasar, porque sí es verdad que habrá personas que acuden a consulta y gustan de las explicaciones técnicas y no se les pueden negar, es verdad, pero a menudo, la persona no quiere oír teorías, ya tiene su teoría propia, lo que quiere es soluciones, tal vez más tarde aparezcan por sí mismas las explicaciones y muchas veces serán diferentes las que tenga el cliente a las que sugiera el terapeuta. Eso es parte de la magia, también. En definitiva, de lo que se trata es de aprovechar en lo posible lo que sucede fuera de la consulta y adaptarlo al camino emprendido por quien aspira a resolver sus problemas acudiendo a un profesional de la psicología. Lo que parece claro es que si propiciamos que la persona genere unas expectativas positivas sobre su vida, no es tan misterioso que le sucedan cosas positivas, como conocer a una persona significativa, cambiar de trabajo, tomar una decisión retrasada por mucho tiempo, etc.
Muchas técnicas terapéuticas sitúan el éxito en un margen por encima del 80%, ahora sabemos por qué, ahora sabemos que ser profesionales implica cosas diferentes a disponer únicamente de una magnífica teoría psicológica, significa convertir en parte de nuestra técnica el establecimiento mismo de la relación con el cliente, saber estar atentos a la manera en que la persona percibe la realidad, saber aprovechar la enorme cantidad de recursos que las personas traen a la consulta, recursos que no han sabido ver o se han ocultado a sí mismas, aceptaremos por otro lado que las expectativas generan cambios en la dirección positiva o negativa en que señalan, en fin, nos habremos hecho psicólogos, no meros utilizadores de técnicas y manuales encorsetados.
variadas, estar abierto mentalmente, no atándose a una escuela concreta, tener habilidades para enfocar la conversación a diferentes niveles, hacer fácil lo difícil no es nada fácil, al menos al principio, aunque no está demás recordar, para terminar, unas palabras del venerable Minuchin sobre terapia familiar, donde comparaba al terapeuta con un Samurai, al citar a Musashi Miyamoto, un samurai del siglo XV. Así, el guerrero samurai aprende a manejar sus armas (las técnicas) hasta dominarlas a la perfección. Después, cuando ha conseguido un nivel muy diestro, debe abandonar esas armas y dedicarse al aprendizaje de un arte totalmente diferente, la poesía, la pintura, la caligrafía, hasta que ya no recuerde el manejo de las armas, hasta que haya olvidado las técnicas, entonces será un verdadero guerrero samurai, entonces podrá volver a utilizar la espada, porque su espada será una prolongación de su brazo.Me parece una comparación deliciosa con la terapia.
jueves, 21 de mayo de 2009
PARCIALIDAD
Ansiamos la verdad, pero siempre seremos incapaces de abarcarla.
Eso produce desarreglos que son resueltos de diversas maneras, desde quien halla la solución en la religión, con sus rígidas doctrinas que son dogma de fe, impermeable a certezas de última hora, hasta quien se obstina en descubrir o inventar nuevas fórmulas y teorías científicas que describan o expliquen un poquito mejor lo inasible.
Ni unos ni otros estamos en posesión del conocimiento, pero prefiero la incertidumbre al dogmatismo estático, prefiero abrazar la nada a creerme un mundo mejor para después de muerto.
Sobre todo, prefiero ser acción a quedarme sentado en el sillón y aunque lo prefiera, es tan difícil levantarse una y otra vez, es tan cansado equivocarse, tan angustioso no saber, que dan ganas de de aferrarse a un ser supremo y diluirse en Él.
Poco a poco vamos comprobando que no nos diferenciamos apenas del resto de los animales, sin embargo, hemos perdido la dignidad animal, no sé cuánto hemos ganado a cambio, pero estoy seguro de que por el camino, entre tantas concesiones civilizadas, hemos dejado de lado la conexión con la realidad casi definitivamente.
Ahí es donde más patéticamente se muestra nuestra parcialidad, cuando hablamos de “La Naturaleza”, como si fuese algo que pudiésemos observar desde fuera, como si el aire que respiramos nos perteneciese sólo a nosotros, como si la naturaleza fuese un gran Zoo, al que podemos entrar un rato de visita para luego volvernos a casa, donde nos sentimos tranquilos y seguros. Somos tan fácilmente sugestionables, tan ingenuos cuando nos creemos tan listos, nos pensamos al margen de la vida, nos colocamos en un lugar que no existe, un sitio imaginado, pobremente imaginado además, que ya no sirve, que nos devuelve la basura generada, que nos ha llenado la mente de deshechos, de los que nos alimentamos hasta morir, pues hemos perdido ya la conexión con la Humanidad, ya no podemos llamarnos así, no creo que el ser humano sea algo merecedor de ser salvado, no tal como ha llegado a ser ahora, no como se piensa ahora a sí mismo.
Lo cierto es que lo definitivo está dispuesto, lo irreversible está sobre la mesa, mañana ya es tarde pero, en realidad, ¿le ha importado a la mayoría de la gente algo más que su ombligo a lo largo de su vida? Yo creo que no, aunque alguien tendrá que pagar la factura, supongo.
martes, 12 de mayo de 2009
Otra mirada diferente del mundo
lunes, 27 de abril de 2009
FRASES DE HOY
Ciorán, Silogismos de la amargura
“Yo he hecho esto”, dice mi memoria. “Yo no puedo haber hecho esto”, dice mi orgullo, y se mantiene inamovible. Al final, la memoria se rinde”
Nietzsche, Cómo se filosofa a martillazos
miércoles, 25 de marzo de 2009
Propósito, año 1997
martes, 17 de marzo de 2009
martes, 3 de marzo de 2009
Diálogo de la serie Dr. House

Dr. Adjunto: Entonces, ¿prefieres pensar que esto es todo lo que hay?, ¿encuentras más consuelo en eso?
Dr. House: No, encuentro más consuelo en pensar que todo esto no sea más que una prueba."
martes, 10 de febrero de 2009
domingo, 8 de febrero de 2009
ALAS DE MARIPOSA

jueves, 29 de enero de 2009
Descubres o inventas
que aún era posible la magia.
Me hice un mundo en el que no había nadie
y poco a poco lo fui llenando de mí.
Detrás de las cosas percibía esencias,
hasta las piedras me contaban historias
que me construían sin cesar.
Fueron tantas las nuevas experiencias que todo
mi mundo se llenó, se infló de repente y estalló,
luego se dispersó salpicando
lo que había creído era la nada.
Pero allí estaban los otros y entre ellos tú,
la nada estaba plagada de mundos
que como el mío se hinchaban hasta explotar.
Con cada reventón los trozos de los otros se mezclaban
conmigo de manera inevitable,
¿cómo podía seguir pensándome?
Estar en el instante que precede
al suceso que les dará forma,
cada vez que nos encontramos, deshechos
fragmentados, entreverados de las vidas
que no son nuestras ni suyas ni de nadie.
Inventé la locura de soñar despierto
que aún era posible la magia.
Derroté a casi todos mis demonios
ignoré a muchos de mis ángeles,
me volví pacífico tras derrochar demasiada ira.
Parece mentira, saberse capaz de matar al instante
y jamás hacerlo, pasar por esta tierra minimizando el daño
pero, ¿y si llega el momento en el que no hay otro remedio?
¿seríamos capaces de matar para seguir vivos?
cada vez que oigo la respuesta, estoy más convencido
de que la mayoría que dice "no" es quien antes
derrrocharía su poder para evitar perecer.
Somos tan sutiles que no estimamos igual
acción u omisión.
Así, matar está peor visto que dejar morir
pero cada día, con el poder que tenemos,
podríamos estar salvando vidas;
sin embargo, seguimos sentados pensando lo buenos
que somos, pues no hacemos daño.
Se nos olvida que tampoco evitamos el daño,
dejamos que la injusticia se afiance alrededor
porque no van con nosotros las muertes de los otros,
de los que han tenido la mala suerte de nacer
en el lugar equivocado, donde la vida no vale nada.
Nosotros nos ponemos más allá del bien y del mal,
nosotros dejamos morir cada día, todos los días
pero, no matamos, no matamos, no matamos.
Inventé la locura de soñar despierto
que aún era posible la magia.
Que podía ser quien quisiese
Sobre todo, no dejar de ser
la parte de mí adorable,
la que festeja sobre esta tierra,
capaz de olvidarme al momento
de todas las tragedias ,
rodeado de unos que suman gente:
Como si el ser humano fuese
algo digno de ser.
Inventé la locura de soñar despierto
que aún era posible la magia.
Que desde siempre hay una parte de nosotros
Que alumbra secretos en pasadizos desiertos,
asombra en la noche de la primera cita
y despierta sentidos no siempre abiertos.
La magia se hizo posible y me paralizó por fin
En un presente extendido eternamente
Como si las cosas no fuesen a ser jamás
Como si la decisión ya tomada sea ineficaz
para resolver las trampas de las miradas
que sortean entre rendijas las ocultas verdades
de lugares artificiales a los que jamás se vuelve.
Quise contar todas estas maravillas
pero sólo me salían galimatías
que parecía pesadillas:
Incomprensibles,
difusas,
fragmentadas,
¿cómo seguir pensándome ahora?
("Jeder Engel ist schrecklich" "every angel is terryfing", Rainer Maria Rilke)






