martes, 25 de agosto de 2009

A dos milésimas de la realidad

Hace tiempo, viendo el programa de Punset, “Redes”, recordé algo que escribí hace unas décadas, sobre la posibilidad de que vivamos a unas dos milésimas de la realidad y que ahora retomo brevemente.


El tema del programa era la neurociencia y las conclusiones del experimento que contaban es que realmente nos encontramos en torno a medio segundo de la realidad.

En realidad yo escribí que vivíamos a dos milésimas de la realidad, pero supongo que habrá un margen según cada quien...jeje.
La conciencia y el inconsciente, lo que pensamos y lo que queda “oculto” se revelan de una manera sorprendente al poder observar al cerebro funcionando en directo.


El experimento parece sencillo.

Un sujeto con el cerebro monitorizado, se halla sentado frente a un ordenador donde un círculo de unos 10 cms. de diámetro va moviéndose al azar, rebotando en los bordes de la pantalla, al mismo tiempo que va cambiando de color pasando por tonalidades diversas. El individuo maneja un ratón que le permitirá parar ese movimiento.

Lo que se observa es que, cuando la persona decide parar el círculo en un tono y posición elegida...medio segundo antes de que el cerebro racional consciente decida el lugar y tono para hacer “click” (o sea, que se activen las zonas cerebrales del córtex encargadas de tal cosa), ya se han activado las conexiones neuronales que mueven la mano (mil millones de millones de sinapsis no son en vano).

¿Hay algo dentro que nos dirige y somos sólo conscientes de una parte del iceberg?

Esto me ayuda a reforzar la idea de cómo funciona nuestra cabecita.
Es un aviso para los que quieren hacerse conscientes de todo, tal vez no se trate realmente de tal cosa, sino de aceptar sin entender, elegir ser feliz o comprender al final que no se ha sido feliz es lo único que nos queda.


Yo solía decir que no buscaba ser feliz, que no era esa mi meta y ya cumplí con creces el objetivo.

Ahora me puedo buscar otras metas, tal vez ser un poco feliz no estaría mal.

Puesto que algo que soy ya decide sin que me pueda oponer, ¿no es mejor llevarse bien con uno mismo?


Esto es para reflexionar en otros niveles. Pensemos sino, cómo evitamos los accidentes y cómo los provocamos o cómo los vivimos mientras ocurren; algo reacciona antes de que lo decidamos y "vemos" lo que sucede como en una secuencia de película ralentizada y nos convertimos en espectadores.

Cuando alguien narra un accidente suele producirse tal efecto “espectador”, como de cámara lenta. Cito el caso de los accidentes pues como su propio nombre indica son algo sorpresivo y no buscado, lo mismo que los errores, al menos en teoría, porque según funciona el cerebro no podemos estar seguros del todo. El cerebro consciente elaborará su explicación, pero lo que ha sucedido es eso u otra cosa diferente (esto raya lo cuántico, ja,ja).

Y esa es la gran aventura, en eso se basa mucho de mi palique del “presente extendido” (del que no he escrito en este blog aún).

La realidad que percibimos, la que comprendemos, la que justificamos o defendemos, ya está decidida por nosotros antes, como ya dijo Don Juan, aquel brujo yaqui del desierto de Sonora: “recordamos, recordamos, recordamos”, no podemos hacer otra cosa, lo que sea que es la mente consciente, por mucho que tenga la capacidad planificadora de futuros posibles, es ni más ni menos que toda recuerdos y cuando los planes se hayan cumplido o no, serán ya recuerdos (interesante echar un vistazo al post del “cisne negro”) .

Y tal vez en eso se basa la magia (lo poco que queda) y también, por qué no, la prestidigitación (la mano es más rápida que el ojo en el experimento, je,je).


¿Si el pensamiento se para, la acción se inicia?…, mientras somos acción y sentimos, no procesamos pensamientos conscientes, aunque luego nos lo explicamos, pero eso es ya medio segundo después o unas milésimas detrás de la realidad, pues nos resulta imposible ser conscientes y vivir, es literalmente no humano (eso lo comprobaron ya los existencialistas en su largo intento de caza y captura del instante, algo tan vano como intentar cazar “gamusinos”, supongo).

Quizá por eso cada vez nos volvemos más tecnificados, necesitamos crear máquinas que perciban mucho más allá de nuestros sentidos, pero aún así seguirá siendo inevitable; hacernos conscientes requiere tiempo y, ¿quién sabe?

¿Será esa la clave por la que inventamos también el tiempo?

¿Cómo hemos llegado a necesitar hacernos conscientes por encima de sentirnos vivos?

Estoy seguro de una cosa y es algo que a veces aplico en terapia. Es cierto que se dice que hay que hablar del trauma, echar fuera con palabras nuestras emociones enquistadas, sí, es cierto, pero no es menos cierto que lo hagamos o no conscientemente, nuestro cerebro lo seguirá haciendo de igual modo.

Es importante no dejar de lado aquella estrategia que seguro nos contaron a todos; si tienes un problema o una palabra que no viene y se queda en la punta de la lengua o has perdido un objeto que ahora necesitas…piensa en otra cosa, verás como aparece. En otra versión se dice “consulta con la almohada” y mi abuela decía una oración a San Antonio para encontrar lo perdido..

Así que, recordemos eso por si acaso, si algo nos agobia mucho y rumiamos hasta el infinito sobre un problema, tal vez sea importante para solucionarlo el dejarlo de lado y dedicarnos a otra cosa, por paradójico que parezca.

Por probar que no quede.

Otra frase que ahora encaja es la de un libro de Stephen King en la que dice (no sé si es suya o reciclada): “Todo el mundo llega a ser aquello para lo que se entrena día a día, minuto a minuto, segundo a segundo, aunque no sea consciente de ello”).

Y para terminar:

“He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer...
No he sido feliz”
(Jorge Luis Borges)

1 comentario:

soy existo dijo...

En medio de una experiencia intransmitible que me sale más fácil rotular como psicodélica, me encontraba yo con un dibujo hecho por mi mismo, angustiado por la imposibilidad de salir de mi mismo, condenado a percibir la realidad desde la estrechez de mi perspectiva, desde las limitaciones de mi sibjetividad. Allí estaba y el dibujo delante mío era una proyección de mi ser contingente, carente y frágil. QUería romperme a mí mismo, quebrarme y percibir la realidad. Así que rompí la imagen, pero mientras lo hacía, descubría que era yo mismo el que lo estaba haciendo. El ejercicio de hacerme conciente era como la serpiente que se alimenta de sí misma.
Mas que aceptar sin entender, diria renunciar a entender. Supongo es lo mismo.

Pero aun asi, algo dentro de nosotros sabe muy bien lo que quiere. Pero no es el ego.
Recuerdo las palabras de una película supuestamente para niños, Kung Fu Panda, en donde la tortuga decía:
"uno suele encontrar su destino por el sendero que toma para evitarlo".

Saludos